AMERICA DEL SUR : INTEGRACION O DEPENDENCIA

HELIO JAGUARIBE

juagaribe.jpg

INSTITUTO DE ESTUDOS POLÍTICOS Y SOCIALES DE BRASIL

 

 

I. INTRODUCCION

El tema de esta charla requiere una previa aclaración. ¿Por qué últimamente se está hablando de integración sudamericana y no más de integración latinoamericana? La respuesta implica muchos aspectos. El básico consiste en el hecho de que México, ese país tan central para la cultura latinoamericana, fue conducido, por ineludibles imperativos geoeconómicos, a una intima asociación con Estados Unidos y Canadá, en lo que, según la sigla en inglés, se denomina NAFTA.

América Latina continúa existiendo como entidad cultural. Bajo ese aspecto, México es uno de sus más importantes países, con el cual los demás deben mantener el más estrecho contacto. Una integración económica con México, sin embargo, solo sería posible en el ámbito de ALCA, con todos los aspectos negativos que más adelante serán abordados. Eso no excluye la importancia de proficuas relaciones económicas con México por parte de los países sudamericanos, siempre que se diferencie México de NAFTA. Analizado este aspecto, consideremos el caso de Sudamérica.

Hay, actualmente, tres proyectos de integración en América del Sur: 1) El Mercosur; 2) La Comunidad Andina y 3) El Area de Libre Comercio de Sudamérica-ALCSA. Los dos primeros son instituciones ya existentes y operantes, aunque se enfrenten con serios problemas. La última integración mencionada es un proyecto todavía en proceso de formulación.

El Mercosur, que reúne a Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay constituye, de conformidad con su acto de fundación -el tratado de Asunción de 1991-, un acuerdo para la constitución gradual de un mercado común. Chile y Bolivia mantienen un régimen de asociación con el Mercosur. Venezuela, bajo el actual gobierno de Chávez, demostró interés en integrarse al Mercosur.

Por su lado, la Comunidad Andina reúne, con el propósito de constituir otro mercado común, a los países andinos, con la excepción de Chile.

El proyecto de ALCSA fue adoptado por los presidentes sudamericanos, en la cumbre que se realizó en Brasilia, en septiembre de 2001, por invitación del presidente Fernando Henrique Cardoso. En aquella ocasión se decidió instituir un sistema sudamericano de cooperación y libre comercio, a partir de 2002. Se decidió, igualmente, adoptar medidas para asegurar la integración física del continente, en un plazo del orden de diez años, mediante la construcción de una red de transporte automotor y ferroviario, de transmisión de electricidad y de comunicaciones. El proyecto ALCSA, ya iniciado el segundo semestre de 2002, no salió aún del papel.

Hay que destacar, sin embargo, que una parte importante de la integración física prevista ya existe, en lo que se refiere a Mercosur y, en lo que se refiere a los países Andinos, esa red también existe en territorio brasileño, permitiendo, en términos exequibles, su extensión para los países vecinos.

La Comunidad Andina manifiesta las limitaciones de corrientes de la reducida capacidad productiva de sus miembros y poca relevancia, para cada uno de ellos, de sus presentes relaciones de intercambio.

El Mercosur, por el contrario, fue un gran éxito, hasta recientemente. Las exportaciones intrazonales se elevaron, de U$S 10.000 millones, en 1993, a U$S 18.000 millones en 2000. Mercosur absorbe más del 50% de las exportaciones de Paraguay y Uruguay, del 30% de las de Argentina y del 14% de las de Brasil. El sistema, todavía, presenta actualmente muchos problemas. Algunos, conyunturales, derivan de la actual crisis argentina y de su repercusión sobre los demás partícipes. Otros, provienen de la insuficiente institucionalización del Mercosur, obligando a que divergencias comerciales entre firmas de la zona requieran un arbitraje político. Lo más importante, entretanto, es el hecho de que -por influencia del neoliberalismo que afectó los países latinoamericanos- en la última década el Mercosur se convirtió en un sistema de intercambio comercial, en detrimento de su función de constituirse como un instrumento para el desarrollo concertado de todos los partícipes.

Ante esa situación, importa considerar, en las actuales condiciones del mundo, lo que significaría, para los países sudamericanos, su integración regional y, por otro lado, lo que para ellos puede significar su adhesión al proyecto ALCA.

II . EL NUEVO ORDEN MUNDIAL.

Con la implosión de la Unión Soviética, en 1991, los EEUU se convirtieron en la única superpotencia mundial. Circunstancias diversas, internas y externas, cohiben a los EEUU e impiden al país ejercer una total hegemonía mundial. De ahí resultó una condición que el politólogo americano Samuel Huntington llamó” unimultipolaridad”: una unipolaridad parcialmente contenida por una multipolaridad remanente.

Las circunstancias inhibidoras de procedencia interna son la cultura y las instituciones americanas -de carácter democrático- impregnadas de valores occidentales, poco compatibles con un imperialismo sin inhibiciones. A eso se añade que el pueblo americano no está dispuesto a acarrear con los sacrificios personales o financieros necesarios para la construcción y el sostenimiento de un imperio mundial, a diferencia de la disposición de los romanos, de César a Trajano.

Las circunstancias inhibidoras de carácter externo son las múltiples resistencias internacionales que se oponen a una hegemonía americana no inhibida. Resistencias no antagónicas, pero efectivas, por parte de los países europeos; resistencias más ostensivas por parte de China, Rusia, mundo islámico y otros países. Finalmente, resistencias del sistema de las Naciones Unidas, institucionalmente comprometido con un ordenamiento legal y multilateral del mundo.

Frente a ese estado de cosas, la élite americana de poder ha logrado ampliar, significativamente, su margen de interferencia internacional -combinando el poder financiero de los EEUU, directamente y a través del FMI-; la influencia preponderante de aquél país sobre los organismos internacionales; la poderosa influencia mundial de las multinacionales americanas y, finalmente, los efectos decisivos de su total superioridad militar. Es importante señalar, en lo que atañe a ese último punto, que, después de la Guerra del Golfo, los EEUU se dieron cuenta de la posibilidad de infligir penalidades intolerables a un país rebelde, por medio de ataques aeroespaciales, prácticamente sin ninguna baja americana y ninguna interferencia eficaz del resto del mundo.

Además, la criminosa e insensata iniciativa terrorista del grupo Bin Laden, el 11 de septiembre de 2001, le dio al gobierno americano una legítima razón de defensa, en cuyo nombre se organizó y se promovió una movilización internacional volcada hacia la guerra contra el terrorismo. “Quien no está con nosotros está contra nosotros “, declaró el presidente Bush. Dicha iniciativa recibió inmediatamente amplio apoyo de la comunidad internacional, ya que todos los países civilizados del mundo se horrorizaron con los atentados perpetuados por el terrorismo islámico. Sin embargo, con el tiempo se ha podido observar que la movilización internacional contra el terrorismo conducía, sin perjuicio de actividades que le eran pertinentes, a un proceso de consolidación y de ampliación de áreas de hegemonía americana. Desde luego se intentó identificar a Saddam Hussein, del Irak, con el terrorismo internacional, independientemente de cualquier acción por su parte, que se pudiera constatar de manera objetiva. Con miras a preservar el mundo de la utilización maléfica -por Hussein- de armas de exterminio en masa, inicialmente se pensó en la necesidad de un ataque preventivo, que llevase a su exterminación. Hasta el día de hoy, la prensa viene difundiendo sucesivos planes de ataque que se harán a Irak –buscando minimizar las bajas americanas- y la objeción de la comunidad internacional frente a dicha iniciativa, que retardan todavía su deflagración.

El “imperio americano” que se constituye en las condiciones anteriormente mencionadas es totalmente distinto de sus predecesores históricos, del Imperio Romano al Británico. El nuevo “imperio” es un campo, en el sentido en que empleamos la palabra al hablar de campo magnético o campo gravitacional. Se trata del área en que los EEUU, mediante poderosos recursos financieros, económicos, tecnológicos, culturales –y, cuando es necesario, militares-, compelen a los dirigentes de innumerables países a seguir una orientación que conviene a los intereses americanos.

Dichos intereses pueden reducirse a dos que son fundamentales: 1) la preservación de la condición de única superpotencia y 2) la abertura de todas los mercados a la libre entrada de empresas, bienes y servicios americanos.

El actual proceso de globalización beneficia, de manera decisiva, la hegemonía semimundial americana. Ese proceso constituye una tercera etapa de un proceso que se inició con los descubrimientos marítimos del Renacimiento y la Revolución Mercantil, seguidos por la globalización de la Revolución Industrial y, a partir del último tercio del siglo XX, la actual globalización tecnológica, que alcanzó dimensiones realmente planetarias.

El proceso de globalización no se debe a un proyecto de un país o de un grupo económico. Resulta, simplemente, del progreso tecnológico y de su universalización. Lo que sucede es que los EEUU, en el final del siglo XX, se transformaron en la economía más competitiva del mundo.

En esas condiciones se configura un régimen de estratificación internacional que divide los países en tres niveles. En la cumbre, como país dominante, están los EEUU, seguidos -en menor escala- por el Japón y por la Unión Europea. En la base, están casi todos los demás, como países dependientes. En posición intermedia se encuentran países que podríamos llamar resistentes, China y Rusia. Países como India y Brasil tienden a aproximarse al nivel de resistencia.

Esa estratificación internacional es inestable y tenderá a sufrir cambios significativos durante la primera mitad de este siglo. En ese período, los EEUU podrán convertir su unimultipolaridad en una incontestable unipolaridad, con la institución, a largo plazo, de una Pax Americana.

Durante ese mismo período, si China mantiene su actual unidad nacional y operativa y, si preserva sus altas tasas de desarrollo, tenderá a alcanzar un nivel de equivalencia con los EEUU, transformándose en otra superpotencia. Rusia, si persiste en la línea de recuperación nacional instituida por Vladimir Putin, tenderá, en algunas décadas, a recuperar –y en nivel tecnológico muy superior- su antigua posición de superpotencia. Sin embargo, si esos países no alcanzan tales resultados, tenderán a pasar por graves procesos disruptivos, que podrán amenazar su unidad nacional y reducirlos a un nivel de dependencia.

En la primera mitad de este siglo, se observarán cambios importantes en Europa. Tal vez la incorporación de nuevos países a la actual Unión Europea, como también la permanente posición atlantista y antifederalista de la Gran Bretaña, ejerzan un efecto restrictivo en lo que atañe al desarrollo de una política externa y de defensa independiente por parte de Europa. Y si así es, Europa seguirá siendo un gigante económico y un enano político. Sin embargo, todo apunta hacia la probabilidad de un camino distinto por parte de países clave como Francia y Alemania, seguidos por la mayoría de los demás países de Europa continental.

Esta hipótesis, muy favorecida por la reciente adhesión al Euro, tenderá a fortalecer la tendencia a una integración política más potente y a una política independiente, tanto externa como de defensa. Dicha tendencia podrá provocar una diferenciación entre un sistema económico común a todos los miembros de la UE y un sistema político más integrado e internacionalmente independiente, del cual participen los países latinos y germánicos, con o sin la presencia de algunos países eslavos y sin la Gran Bretaña.

Es igualmente necesario tomar en cuenta algunas posibilidades importantes a lo largo de la primera mitad de nuestro siglo. Por una parte, países como India y Brasil pueden alcanzar un nivel de desarrollo y de autonomía nacional que los sitúe en el nivel de resistencia. Por otra parte, países dependientes y con grandes poblaciones, como Indonesia, Pakistán y Nigeria, y, una vez más, India y Brasil, si no se desarrollan de manera satisfactoria, podrán ser víctimas de procesos disruptivos terribles, que afectarán su unidad nacional.

Frente a ese estado de cosas, se dibuja, para el mundo, en el horizonte de hasta mediados de nuestro siglo, una alternativa entre la institución de una unipolaridad americana consolidada, y la emergencia de un régimen multipolar, en el cual se configuran diversos centros de poder mundial suficientemente autónomos. En el primer caso, tendremos una duradera Pax Americana. En el segundo caso, tendremos una situación de grande tensión internacional, durante la cual inicialmente se tendrá que formar una nueva polarización en que los centros de poder se alinearán en dos coaliciones hostiles, y que muy probablemente tendrán EEUU y China como respectivos núcleos.

Una eventual y nueva polarización, a mediados de este siglo, enfrentará, como en el caso de la anterior polarización americano-soviética, la inviabilidad de un desenlace militar. Así, habrá un largo y peligroso período de coexistencia hostil. Como en el caso precedente americano-soviético, dicha coexistencia podrá romperse debido a la desarticulación de uno de los bloques. Sin embargo, en las condiciones futuras, de la segunda mitad de este siglo, el desenlace más probable será una gradual institucionalización de la convivencia de los bloques, llevando a largo plazo a una Pax Universalis como lo había previsto Kant, en el final del siglo XVIII.

En última instancia, si el mundo no termina en un desenlace apocalíptico- que podrá resultar de una agravamiento en cascada de intervenciones inicialmente restrictas-, tenderá, a largo plazo, a una alternativa, Pax Americana o Pax Universalis. Sería extremadamente interesante discutir esa alternativa y las características y posibilidades de sus dos términos. Tal propósito, sin embargo, escaparía a los límites de estas reflexiones.

III EL PROYECTO ALCA

El proyecto ALCA, precedentemente referido, requiere una breve elucidación. Tal como está presentado por EEUU, ese proyecto consistiría en la creación de una amplia área de libre comercio, de Alaska a la Patagonia, permitiendo, con la gradual eliminación de las tarifas, la libre circulación, en las tres Américas, de bienes y servicios. Con eso se declara pretender abrir el gran mercado norteamericano a los productos de América Latina y proporcionar a sus países libre acceso a los bienes, a la tecnología y a los capitales de EEUU. Examinando ese proyecto más de cerca, entretanto, se observa que normas adoptadas por el Congreso americano mantienen, bajo varias modalidades, un fuerte proteccionismo relativo a bienes en que EEUU es menos competitivo.

El proyecto ALCA presenta dos principales aspectos. Uno, de carácter general, sería consecuencia de lo que resultaría del libre ingreso en Sudamérica de bienes y servicios de la economía más competitiva del mundo, en contraposición con las subcompetitivas economías de la región. El otro, de carácter específico, se refiere a las barreras no tarifarías con que EEUU se protege en todos los sectores en que es menos competitivo que países sudamericanos.

El principal efecto del primer aspecto de ALCA es el de tender a reducir a los países sudamericanos, por sus fuertes desniveles de competitividad a la condición de proveedores de “commodities” e importadores de productos de alto valor agregado. Concomitantemente, el régimen de ALCA ampliaría –significativamente- el ya muy elevado grado de transferencia del control de empresas sudamericanas, incluso los productores y exportadores de “commodities” para grupos americanos. América del Sur se convertiría en una provincia de EEUU, sin disfrutar de los derechos de un Estado asociado, como Puerto Rico. Si consideramos ahora lo que resultaría del ALCA real, con sus restricciones proteccionistas, el cuadro, entonces, se toma incomparablemente más desfavorable y resultaría, en la práctica, en una mera anexión por EEUU de las economías sudamericanas, y en último análisis, de los respectivos países.

IV ¿POR QUE INTEGRACIÓN?

El proyecto de integración sudamericana, dadas las actuales y, más aún, las probables tendencias evolutivas del sistema internacional -precedentemente referidas- constituye, estrictamente, la única posibilidad para los países de la región de preservar su identidad y su autonomía nacionales y su capacidad para un desarrollo socialmente equitativo.

Aisladamente, los países de la región tenderán, a relativamente corto plazo, a convertirse en meros segmentos del mercado internacional, exógenamente dirigidos por las grandes multinacionales y la superpotencia occidental. Conservarán los aspectos formales de su soberanía, bandera, himno, ejércitos de parada, elecciones de sus dirigentes. Estos, sin embargo, voluntariamente o no, se verán sometidos a incontrolables constreñimientos económicos—tecnológicos y políticos, por fuerza de los cuales sus decisiones tendrán, necesariamente, que atender a injerencias foráneas, domésticamente reforzadas por la desnacionalización de su economías. Ese cuadro ya es visible en amplias áreas del mundo, incluso en Latinoamérica. El propio Brasil, que podría escapar de ese destino por sus dimensiones semicontinentales y relativamente elevado nivel de desarrollo, tendría, para ese efecto, que empeñar, consistente y sustentablemente, un gigantesco esfuerzo doméstico de voluntad autonómica, contra las más fuertes presiones externas y –vistas la cosa con realismo- inmensas connivencias internas, lo que difícilmente le permitiría un resultado exitoso.

Agréguese al cuadro precedente el hecho de que el proceso de pérdida de autonomía nacional -para los países sudamericanos- sería extremadamente acelerado si ellos ingresan en ALCA sin la contrapartida de ALCSA y del Mercosur.

Opuestamente, ALCSA y Mercosur constituyen condiciones estrictamente necesarias para preservar la identidad y la autonomía nacional de los países sudamericanos. Entre las muchas razones que para eso contribuyen tres son particularmente relevantes. 1) El sistema Mercosur-ALCA constituye la única forma viable para proteger las economías de los países partícipes de la supercompetitividad de Estados Unidos y grandes potencias, evitando que esos países además de la desnacionalización de sus economías, sean condenados perpetuamente a la condición de meros exportadores de “commodities”, 2) Ese sistema, por otro lado, proporciona a los sectores productivos de Sudamérica un amplio mercado, que permite a sus países elevadas tasas de desarrollo y, concomitantemente, que en ellos sus sectores más adelantados logren alcanzar niveles de competitividad internacional; 3) Finalmente, se confiere a sus partícipes un significativo nivel de autonomía internacional, proporcionándoles un poder de negociación incomparablemente superior a lo que los países de la región podrían aisladamente alcanzar. Ese sistema, además, gracias al hecho de acelerar el desarrollo de sus partícipes, tenderá a convertirse -a mediano plazo- en un importante protagonista internacional contribuyendo significativamente para que el nuevo orden mundial asuma características multilaterales y, tendencialmente multipolares.

En ese sistema, Mercosur es el núcleo duro fundamental. Para los fines en vista es necesario que se proceda, como previamente fue mencionado, a una reformulación del Mercosur que lo consolide irreversiblemente y le asegure un satisfactorio nivel de institucionalización. El nuevo Mercosur ejercerá, por un lado, la más grande atracción en la región, tendiendo a que otros países sudamericanos adhieran a él. Por otro lado, funcionarán como núcleo duro del sistema ALCSA, proporcionando a los países andinos un significativo incremento de su nivel de autonomía y de su capacidad de desarrollo. Una ALCSA fortalecida permitirá, a los países andinos que lo deseen, concomitante inserción en ALCA -suponiendo que ésta persista- sin que tal inserción tenga los efectos letales que sin ella se verificarían. Se agrega que, a largo plazo, el éxito de ALCSA conducirá a una creciente ampliación del Mercosur, que tenderá a incorporar a todos los países de Sudamérica.

El escenario precedentemente alineado no tiene inherentemente, como todo en la historia, garantías de un éxito inevitable. Constituye condición necesaria –de hecho, estrictamente necesaria- para la preservación de la identidad y autonomía nacionales de los países sudamericanos. El éxito de ese proyecto, en términos de desarrollo de los partícipes y de configuración de un importante nuevo protagonista internacional dependerá, sin embargo, de una satisfactoria conducción económico-política del sistema, en su conjunto y de sus países miembros, particularmente los de mayor peso relativo. Lo que se puede desde luego afirmar es que ese sistema, además de plenamente factible, tiene que ser urgentemente instituido antes de que la creciente desnacionalización de América del Sur alcance niveles irreversibles.

 

4 respuestas a AMERICA DEL SUR : INTEGRACION O DEPENDENCIA

  1. Ero Edgar H. dice:

    Eá muy bien expuesta la posicion de la situación que prevalecce del dominio de USA
    Es necesario revisar las condiciones no publicadas de los tratados, pues estan ahì las clàusulas que impiden el desarrollo de los suscritos al un tratado

  2. cristian dice:

    cuales son los paises dependientes en america del sur

  3. anabella dice:

    QUISIERA SABER SI USTEDES ME PUEDEN DECIR SI ACTUALMENTE BOLIVIA ES UN PAIS COMUNISTA O CAPITALISTA Y SI ES ISLAMICO O NO.ME VENDRIA MUY BIEN SI ME LO PUEDE RESPONDER ANTES DEL 23-09-2008.
    DESDE YA MUCHISIMAS GRACIAS!!!

    ANABELLA.

  4. katya dice:

    podria hablar o escribir la lista de los paises dependientes y/o dependientes??

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

%d personas les gusta esto: