Artigas y las Provincias Unidas de la América del Sur

A propósito de la próxima reunión de los presidentes del Mercosur, y de un nuevo aniversario del nacimiento de Artigas, Fernando del Corro, periodista y profesor de historia en la Universidad de Buenos Aires, ha escrito esta nota:

“En Asunción del Paraguay, a muy pocos kilómetros de Iribay, donde en 1850 murió el patriota rioplatense José Gervasio de Artigas, los presidentes de la región que fue motivo de sus pasiones se reunirán en junio próximo pocos días después del 19, cuando se cumplirán 245 años de su nacimiento, para seguir profundizando un proyecto que aquel hubiera apoyado sin titubeos, el MERCOSUR.

Nadie, en estas tierras, como Artigas, entendió la necesidad de la unidad regional en los tiempos en que las viejas colonias de América Latina se independizaban de sus metrópolis. Por ello, jamás asumió la nacionalidad uruguaya y desde la independencia de ese paí,s nunca regresó a pesar de las múltiples gestiones que realizaron los diferentes gobernantes montevideanos, incluyendo gestiones realizadas a través de alguno de sus parientes más próximos.

Así fue como no abrió la comunicación que le hiciera llegar en 1841 el presidente Fructuoso Rivera, ni se allanó ante los pedidos de su hijo José María enviado con ese propósito, ni ante los pedidos de futuros gobernantes. Prefirió quedarse en tierras guaraníticas, como rioplatense, nativo de la Provincia Oriental, que él creó, para morir a los 86 años, acompañado por algunos viejos fieles, entre ellos su perro “Charrúa”.

Artigas fue el símbolo vivo de la unidad de los pueblos del sur del continente, del mismo modo que Simón Bolívar,  con sus matices, lo fue entre los de la región norandina.. Su sistema de los pueblos libres implicaba la “revolución grande” basada en los principios de independencia, república y confederación, en el cual, según sostenía, “los más infelices serán los más privilegiados”.

Bajo su lema “con libertad no ofendo ni temo” Artigas logró unir, como “Protector de los pueblos libres”, a las provincias rioplatenses de Córdoba, Corrientes, Entre Ríos, Misiones, Santa Fe (hoy argentinas) y Banda Oriental (hoy Uruguay), cuyos diputados concurrieron a la Asamblea del Año XIII del ex Virreynato del Río de la Plata.

Fueron para reclamar la sanción de una constitución basada en el sistema confederal, con división de poderes, libertad civil y religiosa, autonomías provinciales y libertad de puertos, entre otras. Mandato que surgió del Congreso de Tres Cruces (en la Banda Oriental), del 5 al 20 de abril de 1813, cuando proclamó: “Mi autoridad emana de ustedes y cesa por vuestra presencia soberana”.

Sus diputados fueron rechazados por la postura unitaria del Directorio impuesto desde la Ciudad de Buenos Aires. A partir de entonces, Artigas fue tentado por los gobiernos bonaerenses para el separatismo, cosa que al no ser lograda, se convirtió en un estímulo a los luso-brasileros para invadir la Banda Oriental.

El patriota rioplatense fue vencido por el poder militar luso-brasilero y la plutocracia del puerto de Buenos Aires, que logró hacer que su lugarteniente entrerriano Francisco “Pancho” Ramírez se volviera en su contra. Así tras la derrota de Tacuarembó ante el primero y lo hecho por el segundo, en septiembre de 1820 marchó hacia Paraguay para regresar y seguir la lucha, lo que fue impedido por el gobierno de José Gaspar  Rodríguez de Francia, que lo alojó en San Isidro de Curuguaty y le otorgó un sueldo que luego le retiró cuando se enteró que Artigas repartía todos sus bienes entre los pobres. Para entonces Ramírez había pedido a Francia que le entregase al caudillo oriental, pero el presidente paraguayo se negó de plano.

Así es que allí vivió siempre convencido de la necesidad de unión de los pueblos de la región, acompañado por sus indios charrúas (los que se quedaron en el Uruguay fueron masacrados por Fructuoso Rivera y los últimos cinco, incluyendo una embarazada, vendidos a un circo francés) y sus negros (origen de los actuales afro-paraguayos), entre ellos su lugarteniente afro-oriental Joaquín Lencina, el famoso Ansina, en lo que en guaraní se dio en llamar “Artigas Cué” (el pueblo de Artigas), en “Kambá Kuá” (cueva negra), hasta que los próximos gobiernos paraguayos optaron por trasladarlo más cerca de Asunción, donde desarrolló una explotación rural cooperativa, como ya lo hacía en su anterior destino y llegó a ser consultor del presidente Carlos Antonio López. Su hijo, el futuro mariscal Francisco Solano López solía visitarlo con sus hermanos para escuchar sus relatos.

A 245 años de su nacimiento en la campiña oriental, donde vivió toda su adolescencia y buena parte de su juventud con la tribu de los charrúas, la que lo acompañó a Ayuí (Entre Ríos) en el”Exodo Oriental” de 1811, y que murió diciéndose de nacionalidad rioplatense, la perspectiva de unir más profundamente los pueblos de la región, incluyendo a sus viejos adversarios brasileros, sonará, desde las tierras guaraníes donde vivió sus últimos 30 años, como una reivindicación a su memoria.

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